En este Sábado Santo se cumplen 70 años desde que la Cofradía de las Angustias celebró por primera vez la Procesión de la Caridad y el Silencio. Antes de 1956 era habitual que la emblemática imagen se expusiese en el interior del santuario de Esteiro, cada tarde del Viernes Santo, sola y vestida de luto. El hermano mayor de la Hermandad, José Ramón Cancelo, escribe un artículo en la edición de este año de la revista Ecce Homo sobre el estreno de aquel desfile, en el que participó siendo un niño, y sobre los motivos que llevaron a la Junta de Gobierno de aquella época a idear esta salida procesional.
Se pensó, tal como explica en la publicación, en realizar algún acto de caridad con las flores que habían adornado los tronos de la Cofradía en los días anteriores. Los beneficiarios, según se decidió entonces, deberían ser quienes acudían a diario al Santo Hospital de Caridad, que entonces estaba en la calle Concepción Arenal (en el actual centro cultural Torrente Ballester). Así, se dispuso que durante todo el Sábado Santo se recogerían donativos a cambio de flores y que lo recaudado se entregaría al hermano mayor del Cabildo del Santo Hospital de Caridad. Desde entonces se ha mantenido la tradición, incluso en el año de la pandemia, cuando no se celebró ningún acto pero sí se recibieron aportaciones económicas que fueron igualmente para el refugio Pardo de Atín, sostenido por la Fundación del Santo Hospital de Caridad.
Un año más, las puertas del santuario se abrirán a las nueve de la mañana para recibir un goteo constante de fieles que acudirán a dejar sus donaciones. En el altar estará Nuestra Señora de las Angustias en su advocación de la Caridad y el Silencio, sin su Hijo en el regazo y de riguroso luto, y a sus pies la arqueta de madera que talló hace setenta años Guillermo Feal, a quien también se le confió el trono para este desfile. Cabe señalar que de nuevo los portadores irán bajo la estructura, dejando a la vista únicamente sus pies, como ha vuelto a hacer desde 2023 -y como se había hecho hasta 1992-. Se cumplirá también el voto de silencio que se realizó por primera vez en 1956, de manera que los capuchones no reparten estampitas, llevan todos capuz negro, con el hábito correspondiente, y no llevan capa.
Es un desfile muy sobrio, en el que marcan el paso los Timbales de la Banda de Cornetas y Tambores de las Angustias, detrás de la Cruz Guía, y una capilla musical que acompaña el paso de Nuestra Señora de las Angustias Coronada.
En la retirada se celebra la singular ceremonia de la entrega de los donativos a la Fundación del Santo Hospital de Caridad. Todos los cofrades entran en el santuario y se cierran las puertas, para que desde fuera, a continuación, el representante de la entidad golpee con un martillo pidiendo permiso para entrar a recoger lo recaudado. Una vez en el interior se celebra una sencilla ceremonia, con acompañamiento del Coro Diapasón.